Día 3.

Peso: el mismo que ayer.

Fuerzas: todas conmigo.

Ejercicio: espero a que deje de llover.

Motivo: “Ella es la más grande”.

Siempre odié ese calificativo. GRANDE. Me sonaba a inmensa, inabarcable… Hasta que me di cuenta que ellos querían decir alta o, en su defecto, gorda. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre? Hay tal hipocresía por las tallas XL que algunas veces te miran como si fueses de otro planeta. Existe la continua comparación con tu familiar o amigo más cercano. ¿Y qué culpa tiene una de que en la vida haya gente tan bajita? ¿Es de recibo ir diciéndole al personal lo enano que es? Tal vez, sí. Nunca se sabe. No se trata de describir sino de no dañar con un comentario. Sin embargo, está el contrapunto a todo. El ser grande también tiene sus ventajas. Siempre he visto los conciertos a pie de pista sin ninguna dificultad, he tenido la posibilidad de comerme dos helados sin vomitar y, lo mejor, he podido repartir toda la grasa por mi cuerpo sin parecer un tapón hinchado. ¡¿Quién dijo complejos?!

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