Cuando no todo vale

Dara-Lynn Weiss con su hija de siete años.

No todo está permitido. La revista Vogue, en su edición norteamericana, incluyó un artículo en su número de marzo que levantó las ampollas de toda la sociedad. En dicho escrito, la “amable” mamá, Dara-Lynn Weiss, contaba la dieta que imponía a su hija Bea de siete años, después de que el médico la diagnosticara como obesa por pesar 42 kilos, midiendo 1,32 cm.  Para ella, galante de la sociedad neoyorkina, eso no estaba permitido. Por eso, daba reflexiones como las siguientes para argumentar la disciplina alimentaria impuesta, caracterizada por privarla de la cena algunas noches a la semana.

“A veces, el snack de Bea, después del colegio, era un pedazo de pizza o un gyro (shawarma) (…) Otros días la obligaba a elegir entre una sopa de verduras baja en grasa o un huevo duro. De vez en cuando accedí a que comiera un pedazo de torta de café, sobre todo, porque yo quería comerme la mitad de él. Cuando ella tenía acceso a pastelitos en algún cumpleaños, yo alternaba frases como: ‘No comas eso, no es bueno para ti’, “ok, está bien, adelante. Pero solo uno’ y ‘Bea, tienes que dejar de comer ese tipo de basura. Estás engordando’, dependiendo de mi humor. Entonces, en secreto me comía dos pastelitos cuando ella no estaba mirando”.

Después de leer fragmentos como este, queda reflejado la dureza del artículo. Sigue con afirmaciones como haber arrancado de su hija un vaso de chocolate caliente y haberlo tirado a la basura, luego de que el empleado de la cafetería no fuera capaz de decirle cuántas calorías exactamente tenía la bebida.

“(En otra ocasión) me interpuse entre mi hija y un bol de ensalada que mi amigo le estaba entregando, levantando mi mano como un policía que dirige el tránsito. ‘Gracias’, dije, ‘pero ella ya comió su cena’. ‘Pero dice que todavía tiene hambre’, respondió mi amigo desconcertado. Fingí una sonrisa. ‘Sí, pero tiene mucho aderezo y estamos tratando…’. ‘¡Es solo aceite de oliva!’, interrumpió mi amigo, ‘¡es súper sano!’. Mi sonrisa se desvaneció y mi voz se hizo más tensa. ‘Lo sé. Ella no puede comer’. Los ojos de mi amigo se movieron hacia mi hija, quien tenía en la mira un bol del tamaño de un frisbee, lleno de aceite, atún, huevos, papas y aceitunas”.

Es otra perla de esta señora. ¿Dónde está el límite? Atrás queda la costumbre de no levantarse de la mesa hasta que se termine un plato o comer la comida aunque no te guste. Parece que ahora la imagen ante la sociedad cuenta más. No estoy a favor de descuidar la alimentación infantil y fomentar la obesidad, pero siento esta práctica de una madre como un atentado contra la salud, sobre todo, mental hacia una menor. Está claro que esa chica crecerá desarrollando un comportamiento extraño ante la comida, que la alejará de sus relaciones sociales y, ante todo, minará su autoestima. Tiempo al tiempo.

*Este artículo fue retirado de la web de la revista ante la polémica suscitada por parte de algunos nutricionistas y padres.

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