Mentirosos por WhatsApp

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Una de las cosas que he aprendido en mi Tinder Life es que no es oro todo lo que reluce en WhatsApp. Amante 1 me tenía y me tiene mal acostumbrada. Siempre que me dice algo, es verdad. Pues bien. No todos son así. Los hay que venden motos y se quedan ahí, en el desguace. Al principio, inocente de mí, me lo creía todo. Cualquier chico que conocía en estas redes de amor y sexo lo daba por sincero y honesto. Falso. La primera vez que lo aprendí fue con Enfermero. Esa era su profesión y así lo grabé en mi lista de contactos. Empezó todo muy bien. Concretamente en Meetic. Me apunté durante dos meses porque quería conocer a alguien con el que entablar una relación. Y es que hay diferentes aplicaciones para cada cosa. Por ejemplo, Tinder es más a saco, más a envíame foto de tu polla y tú de tus tetas. Pero en Meetic para empezar tienes que rellenar una encuesta de mil preguntas en las que te defines y concretas lo que buscas, un paso previo que te acerca a machotes que, en principio, pueden gustarte. Pues bien, así conocí a Enfermero. Todo comenzó muy normal: hablamos de mil cosas, menos del tiempo, por suerte. Que si su trabajo, que si el mío, que si sus dos matrimonios con final truncado (oh my god), que si mis experiencias amorosas, que tú por qué te has apuntado a Meetic, que tú qué buscas, que si nos conocemos… Y así nos tiramos hablando varios días, e incluso semanas, porque por mis horarios y los suyos coincidíamos poco. La cita se dilataba. Eso provocó que la confianza por teléfono fuese en aumento. Incluso me hablaba de próximas citas, de futuros planes y me agregó a otras redes sociales más íntimas. Todo mentira.

La primera (y única) vez que quedamos fue a media tarde. Un café fue la excusa perfecta. De ahí, a cervezas. Estuvimos charlando como amigos durante varias horas. Confieso que me gustó nada más verlo. Su alegría, su simpatía, su barba… Todo me resultaba atractivo. Él trabajaba esa noche así que a la hora de la Cenicienta se fue. Dos besos y un ¿te apetece que nos veamos otra vez? “Por supuesto”, respondí. No lo dudaba. Pero se ve que él sí.

Los días posteriores a la cita fueron de esperar mensajes y poner sonrisas tontas al leerlos. De él salió eso de la próxima vez que nos veamos no quiero que haya horarios. Todo mentira. De eso pasó a no saludar por la mañana, a no decir ni mú en todo el día, a seguir conversaciones a destiempo. Intuí bien que jamás nos íbamos a ver más. Así fue y dejé de escribir un día. Él, por supuesto, no ha vuelto a dar señales de vida. Ante esto, me pregunto: ¿por qué hablas de planes futuros con una persona que no has visto? ¿por qué planteas una próxima vez si sabes que no la habrá? ¿por qué no ser sincero con la persona que tienes enfrente? Ante esto, sólo puedo aplicarme una máxima: nunca más quedaré con un tío que te habla de mil posibilidades antes de vernos en persona. Llámame desconfiada, pero sí, hay mucho mentiroso (y cobarde) suelto por el mundo virtual.

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4 comentarios en “Mentirosos por WhatsApp

  1. Puffff… Tu caso es tan común… No sé si es porque en las apps somos como mortadelas y demás embutidos en el escaparate o porque realmente hay gente a la que le falta sinceridad y le sobra cobardía.
    Vivimos en un mundo loco donde lo instantáneo está siempre presente pero no nos hace felices… Cubrimos pequeños momentos, nos agarramos a clavos ardiendo… Ay… Lo que cuesta ser sensible en un mundo tan materialista. Ánimo y a seguir soñando

  2. Pingback: Viajes de Tinder – Centímetros Saturados

  3. Pingback: 20 horas sin WhatsApp – Centímetros Saturados

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