Bron-Broen, frialdad y naturalidad

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Amante 1 me aconsejó hace tiempo que viese Bron-Broen. La última vez que templamos juntos me lo volvió a decir: “Hamija, tienes que ver Bron. La sueca-danesa. No veas la americana porque no mola tanto”. Le hice caso. Consulté a mi camello de series y una semana después veía el primer capítulo mientras me zampaba un plato de espinacas y pescado a la plancha. Apetecible lo primero, lo segundo no tanto, perooooooo es lo que hay si quieres que el tamaño de tus posaderas varíe.

Podría escribir de la serie en sí, que si es una producción de Dinamarca y Suecia, que si comienza en el puente que une los dos países y el más costoso a nivel mundial, que si muchos la describen como la mejor serie policíaca de los últimos tiempos, que si la original es ésta y no las otras dos, la británico-francesa (guat?) o la americana, que si su estética llena de naturalidad y frialdad me recuerda a Borgen… En fin, muchos datos que se googlean y se saben. Sin embargo, yo, que soy mucho de bucles, llevo tres días pensando en la escena de las fotos de más arriba. La protagonista de la serie, la incansable investigadora Saga Norén (Sofia Helin), llega a su casa, devora un libro sobre igualdad social y a la misma vez sale de la ducha tocándose el coño. Ahí intuye que anda caliente. Ni corta ni perezosa se planta en un bar, mira a un chico y se dirige a él. “¿Te apetece venir a mi casa a follar?”. “Claro”, contesta él. Lo siguiente se intuye. Llegan a la cama, chingan a más no poder, acaban, ella ignora el momento carantoñas, se da la vuelta y duerme. Cuando se despierta, se pone a trabajar como si no tuviese a nadie al lado. El chico, entonces, abre los ojos, la ve y se levanta de la cama para despedirse. “Bueno… Nos vemos, entonces”, dice. “Tal vez…”, responde ella. Y ahí acaba todo.

Obviamente la escena está mostrando la rareza de Saga para tener relaciones sociales o sexuales, pero yo me pregunto: ¿Acaso el ligoteo por app no es esto? ¿Y si nos dejáramos de tantos previos y fuésemos a lo concreto de la apetencia sexual? ¿El follar y el amar se pueden separar? Durante estos dos últimos años me he demostrado a mí misma que esto último existe. Una puede follar como una loca  y no amar. Una puede flipar con una polla y no tener ganas de amor. Para mí follar es algo primario, lo mismo que es comer o cagar. Así, sin más. Hay veces que el cuerpo literalmente me pide que me toquen a más no poder. Como Saga, a la que retratan de rara, salgo de la ducha y hay ocasiones en las que no puedo reprimir un carrete ipso facto. Sin embargo, no es algo que vaya comentando por ahí a todo el mundo. Lo hago con lo que como, pero no con lo que hago con mi cuerpo. ¿Qué pasaría si llegara a un bar y le dijera a un tío: oye te vienes a mi cama? Y al acabar adiós, gracias. Sin duda, todo sería más fácil porque lo primario del ser humano simplifica y facilita los laberintos de la mente.

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