Guapo, maduro y con amor por los murciélagos

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He tenido una cita muy rara y no me resisto a dejar de contarla. Al principio se presentaba como imposible: chico guapo, muy muy guapo hasta decir basta, quiere tomar algo y conocer a la menda. ¿Hola? ¿Dónde está la cámara? Un Tinderligue que no busca meter y sacar su miembro hasta dejarte loca y lo único que busca es conocerte, es algo muy rauro. Tanto como que acabe confesándote su amor por dejar las ventanas de su habitación abierta en verano para que entren los murciélagos y revoloteen a su alrededor. Pa gustos, colores… pero éste me deja tuerta, patidifusa y con las grasas colgando.

Todo comenzó como siempre: deslizando a la izquierda o la derecha y match. Confieso en que en este caso yo deslicé primero (si es que existe ya esa terminología), pero en poco tiempo obtuve el match. ¡Yuhu! Nada más llegar la alerta a mi móvil me puse a dar saltos imaginarios de alegría. Madre mía, madre mía… El guapo había respondido SÍ. Ahí que rompí mi regla de jamásescribasantesauntío y le solté eso de: “Hola qué tal”. Comenzó una semana de conversaciones de madrugada. Como el sujeto trabajaba de noche y la menda también encontramos un hueco perfecto para mantener diálogos tontos e interesantes cuando el sol se marchaba.

Después de siete días dándole a la tecla, decidimos conocernos cara a cara. También quedamos por la noche pero lo hicimos en un sitio concurrido, lleno de bares y de gente ansiosa de pasarlo bien. Nada más llegar comprobé lo que veía en las fotos. El tío era bello. Muy muy bello y además simpático. Cayeron un par de cervezas y de preguntas absurdas que encendieron en mí la señal de alerta. “¿Te has fumado un porro?”. Esa fue la primera. Yo respondí: “Yo no, ¿y tú?”. Como suponía, contestó SÍ. Entonces, entendí muchas cosas. Sus pausas silenciosas, su mirada perdida en el horizonte, sus ganas de comer continuamente y sus risas sin venir a cuento.

Lejos de echarme para atrás, os tengo que decir que me dio cierta vidilla. Jamás había estado con un sujeto en esas circunstancias en una cita. Sin embargo, el pero más grande apareció cuando me contó su forma de vivir. Lo hacía en un pueblo de Mallorca, alejado de todos sus vecinos, en una casa apartada por un camino que nadie transitaba y con la única compañía de cuatro perros. En verano, esta compañía aumentaba porque por las noches tenía la costumbre de abrir las ventanas de su habitación para que los murciélagos entraran y revolotearan sobre su cama. SOS. Eso ya no lo pude soportar. De pronto me visualicé echando un polvo entre murciélagos y me dije: “Nena por mucho que quieras un buen revolcón, esto es too much“.

Pensado y hecho. Fui cortés pero a la siguiente proposición de cambiar de bar o ir para su pueblo a pasar la noche (ya quería meter cuello obviamente), fui rápida y le dije que debía irme. Excusas hay muchas y casi siempre suenan a me estás mintiendo, pero el chico guapo que amaba los murciélagos me respondió con un abrazo y una cara de tristeza.

Semanas después me escribió un guasap: “Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu”. A día de hoy, no he conseguido descifrar el mensaje.

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3 comentarios en “Guapo, maduro y con amor por los murciélagos

  1. Pingback: Viajes de Tinder – Centímetros Saturados

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