Comer mal en Navidad (y otros meses)

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Cochinos con Chocolate. Mérida, México. Noviembre 2016.

Llevo días con la consciencia puesta en mi descontrol alimentario. Siempre me pasa a final de año: después de tener una alimentación controlada durante todo el verano -época en la que casi todo el mundo pone unos kilos de más-, llega el otoño y me vuelvo loca con las grasas, los hidratos y el asuuuuuucar. Muy mal. Lo mío viene precedido de tres palabras mágicas: vacaciones, navidad y excusas. 

He tenido un año fantástico de brócolis y lechuga. Tanto que he incorporado a mi vocabulario de señora que hace la compra en el frutero de la esquina las palabras piña fresca, pomelo y repollo. Antes de conocer a mi fantástico nutricionista Álvaro, que me midiera las grasas como si fuese un cochinillo y me tirara a la cara todas mis teorías sobre dietas imposibles, pensaba que era un chicle: a veces explotaba de kilos, a veces me hacía una pompa de grasa. Él, hombre cabal donde los haya, me ha enseñado a comer, a tener una rutina alimentaria y sobre todo una relación sana con la comida.

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Después de siete meses de dieta continuada y 13 kilos perdidos, creía en mi fuerza superior conectada a Dios para resistirme a una chocolatina. Un carajo pa mí. Ilusa. Fue sentir la palabra vacaciones en mi persona y creer que todo lo prohibido estaba al alcance de mis papilas gustativas. Eso fue a mediados del mes de octubre. Días después vino el viaje a México y otra etapa de tres semanas del puedo comer de todo. Resultado: tres kilos más para la báscula. Finales de noviembre y recibí un mensaje de mi nutricionista: “Hola, ¿ya has vuelto de México? Cuando quieras nos vemos de nuevo”. En ese momento pensé: no es que cuando yo quiera, es que debo hacerlo, porque querer en realidad pues psssssss. Esa desgana me ha llevado a plantarme en diciembre sin ninguna rutina en mi alimentación. Pienso en eso de total para qué si está aquí la Navidad, pero a la misma vez sé que estas tres semanas que tengo por delante pueden suponer unos kilos más. Y sí, entonces ya estaré visionando las letras de peligro a lo lejos, en neón rojo e intermitente.

Sé que voy a comer mal en Navidad, pero mantendré la rutina del deporte en mi vida. Algo es algo, ¿o no?

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