Así superé (sin morir ante una barra de pesas) mi segunda clase de body pump

Body-Pump

Mi primera clase de body pump la hice hace ocho años. Entonces vivía sola en Sevilla, trabajaba en un programa de televisión y pesaba veinte kilos más que ahora. Era la reportera ‘gordita’ de la tele, o al menos así fue como me describió la esteticista de una amiga mientras le daba tirones para eliminar los pelos de sus piernas. Yo no era consciente de mis dimensiones de ballenato pero aún así me afanaba cada día por limpiar mi conciencia de grasas en el gimnasio del barrio. A los JLO from the block. Al poco de empezar, hice una clase de body pump con un amigo. Sólo recuerdo muchas sentadillas, levantamiento de pesas al aire y sudores continuos. El esfuerzo provocó que estuviese dos días en la cama con ibuprofeno con unas agujetas tan dolorosas como un parto sin epidural.

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Meta 1. Correr

¿Quién no ha acabado el año escribiendo en un papel los objetivos a cumplir? Entre uvas y champán, metas por alcanzar. Así se podría llamar cualquier Nochevieja de mi vida. A estas alturas, con 36 años ya en la cartera, puedo decir que he cumplido algunas. Una de las que más orgullo y engorde de pavo me da es la de ser capaz de correr durante 25 minutos sin morir de un golpe de grasa. Señores, definitivamente soy superwoman.

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Mi culo pesa

Mi culo pesa. Y mucho. No. No penséis que es una conclusión fácil después de zamparme una tarrina de helado y llamar para encargar una pizza. No. Es un pensamiento en bucle razonado después de estar casi una hora subida en la elíptica del gimnasio. Sí. Hoy he empezado el gimnasio. ¿Puedo llorar? Tranquilas, ya me respondo yo: NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO. Joder, pero cuánto cuesta volver a la cárcel rutina de ponerte el chándal e irte derecha para hacer un poco de deporte.

No sé a vosotras pero a mí siempre me pasa lo mismo. Desde antes de Navidad, pensaba tengo que volver, tengo que volver, pero nunca encontraba el momento para apuntarme. Que si igual me puedo ir a andar una hora al día, que para qué voy a gastar dinero, que me da pereza…. y así iba encadenando excusas y excusas hasta que a mi compañero de piso le llegó una temida oferta. “Si se apunta alguien, a mí me rebajan la cuota”. Mierda. Ya no tenía motivos para decir NO. Y allí que me fui ayer a decir el sí, quiero a la recepcionista. “Te regalo estos dos días hasta que comience febrero”. ¿Cómo? Encima que no tengo ganas, el gimnasio me regala los dos últimos días de enero para que venga sin pagar. MADRE DE DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS!!! Que se pare er mundo. ¿Todos los planetas están alienados para que me ponga en forma? Mmmmm. Pues se ve que sí. Así que nada hoy he empezado y mientras estaba allí pensaba en clasificar a quienes vamos un sábado por la tarde al gimnasio. La verdad es que no he encontrado características comunes porque pese a que casi todos creemos que estos sitios están llenos de tíos petados (que los hay) también hay gente con diferentes dimensiones de grasas. Y es que la realidad no se aleja de este vídeo, lanzado hace unas semanas por Sport England. Sí. #Thisgirlcan y nosotras también. Sólo hacen falta ganas y más ganas.

¿Me durarán hasta final de año?