La puerta de atrás

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Una no es consciente de lo poderoso que puede ser su cuerpo hasta que no te abren la puerta de atrás. Una no es consciente del poder que puedes poseer sobre un hombre hasta que no abres la puerta de atrás. Todas y todos jugueteamos con los agujeros de delante (entiéndase vagina y boca) mientras practicamos sexo, pero no solemos hacerlo con el de atrás. Tememos que duela, que expulses líquidos o materias asquerosas, que no lo sepan hacer, que no lo sepas hacer… Pero si en Juego de Tronos se folla así, ¿por qué no hacerlo?

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Día noventa y tanto.

Peso: baja.

Fuerzas: a tope.

Ejercicio: ahí va.

Motivo: “Te veía muy mal”.

Siempre hay una amiga discreta en tu vida. No todas iban a ser unos papagayos. Lo malo es que cuando esa amiga habla, sentencia. Me ocurrió hace poco en uno de mis regresos a Sevilla. Nada más verme se quedó impresionada por el tamaño de mis caderas y mi barriga. “Por Dior, cómo te estás quedando”. “Gracias”, contesté. Así, sin más. Empezamos a hablar de los logros con la comida y mi dieta. Y así, sin más, empezó a soltarme ese discurso que todos los gordos tememos. “Te vi muy mal la última vez”. Me quedé con los ojos así: O_O. No porque me lo dijera, algo que agradezco, sino porque esas palabras estaban saliendo de su boca y no de la de mi madre. Estaba ocurriendo que la persona que jamás me había hablado de las dimensiones de mi cuerpo, lo empezaba a hacer. “Es que estabas ya demasiado gorda. Empezaba a ser cuestión de salud y me volví preocupada”. Esta frase me marcó. ¿Hasta que punto sabemos lo que piensan los demás? ¿Tendrá más argumentos guardados en la retaguardia? Espero que no porque si es así que hable AHORA o calle para siempre.