Saber decir adiós

En estos días de campañas publicitarias llenas de mujeres reales, yo sólo puedo pensar en un adiós que, pese a todo, me duele. Se supone que como mujer gorda -sí, odio las palabras que enmascaran la realidad tipo curvy, curvys…- y con blog debería escribir un post sobre vídeos como este.

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Insatisfecha perenne

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La sinceridad está sobrevalorada. Es algo que digo a diario y que mantengo. Aprendí esta máxima con la madurez. Recuerdo que de pequeña mi madre siempre me decía: “Tienes que pensar antes de hablar”. Yo soltaba las cosas sin pensarlas y, claro, la liaba parda. En el colegio, con la familia, con mis amigas… Sufrí más de una situación de tierratrágame después de pronunciar alguna frase fuera de contexto o con demasiada claridad. El consejo de mi madre lo aplico todavía hoy y lo adapto a mi parecer con esa sobrevaloración de la sinceridad. Por eso, huyo de la gente que dice todo porque sí y me aplico el cuento de pensar y después hablar.

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Fat black friday

Españoles, he vuelto a la dieta.

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Sí. Después de mis vacaciones, mi viaje precioso y maravilloso a Myanmar y mis apocalipsis days (¿qué gorda no se toma el último día previo a la dieta como el fin del mundo?), he vuelto a cerrar el pico porque señoras, no nos engañemos, cuando el culo baja de grosor una se siente más feliz, más tarima flotante. Ya conseguí hace un año y medio bajar 15 kilos de mi P.M.A. (peso máximo autorizado) y desde entonces más o menos me mantengo pero no consigo bajar de la maldita cifra en la que me estoy. Entonces lo hice por mi cuenta pero ahora, viendo que no soy capaz de ponerme un bozal a mí misma, he decidido pasarme a la dieta guiada por un doctor para comprobar si así consigo llegar a la meta propuesta. ¡Lo conseguiré!

En la visita al gordólogo-matadero me dijo una frase que me llegó al hígado graso: “Si consigues llegar a este peso estarás buenorra”. Hello, it’s me? En ese momento no respondí porque ese tipo de comentarios me parecen absurdos y quienes lo hacen son más absurdos (entiéndase gilipollas) aún. No lo entiendo. ¿Se supone que no lo estoy? Perdone usted pero desde este altavoz escondido voceo que no lo hago por estar “buenorra” sino básicamente por salud y orden mental. Sí, señores. Me gusta tener mi alimentación controlada y encontrarme en mi peso por muchas razones: me duele menos la espalda, me siento más ágil y sobre todo me encanta cuando me enfundo unos pantalones y no me aprieta toda la chicha. Eso es felicidad.

Tanta como la que proporcionan las compras on line. Ains, qué felicidad más bonita ir de compras sin moverte de la silla y ahorrarte todas esas colas interminables y el agobio de la gente por entrar al probador. Yo por eso he usado mi #blackfriday para hacer unas compras que me hacían falta. Os dejo un par de adquisiones… A ver qué os parecen.