Sujetadores bonitos y sexys para tetonas

Confieso que nunca he sabido mi talla de sujetador española. Supongo que rondará la 100 ó 105, pero exacta no lo sé. La culpa la tiene, one more time, Reino Unido. Mi amada Inglaterra ideó la red de tiendas Marks and Spencer y en Sevilla, que es de donde soy, estuvo uno abierto durante muchos años. Aquello me pilló en plena eclosión de pechamen así que desde el principio conseguí meter mis sandías en un sujetador bonito y sexy. Sí. Es el sueño de toda mujer con tetas grandes. ¿Por qué las firmas de lencerías se empeñan en ofrecer sujetadores en color carne y con unos encajes de tu abuela para quienes pasamos de la 95? No lo entiendo. Que tengas mucho pecho es un putada más que nada para la espalda, para dormir boca abajo, para saltar en el gimnasio, para pasar entre dos personas cuando la fila es estrecha… Sin embargo, no es incompatible con lucir sexy bajo la ropa.

Ayer pensaba en todo esto mientras veía la nueva colección que la súpermega modelo Ashley Graham ha ideado para la casa canadiense Addition Elle. Niñas, vaya poderío luce en sus lolas con esos encajes, esos colores y esos diseños balconetis.

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Yo la verdad es que en cuestión de sujetadores sigo fiel a mi Marks And Spencer. Antes era en tienda física, ahora on line. La talla (una 38 D) la tengo cogida y jamás fallo. No le he puesto nunca los cuernos. Ya hablé en otro post de mi infidelidad en tema de bikinis pero de ropa interior nada. Ahí sigo fiel a mi tetamen inglés.

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Día 1. Again

Peso: comienzo de nuevo. XXX.

Fuerzas: apagadas por factores externos no por la dieta.

Ejercicio: saldré a andar una hora (eso espero).

Motivo: Sí. Tengo su talla. O_O

Vestidos de Dorothy Perkins.
Vestidos de Dorothy Perkins.

Todavía recuerdo cuando recibí esa respuesta por primera vez. Tenía esa edad en la que quieres ponerte el ropaje de tus amigas y no te entra ni por la muñeca. 17 años. Sí, tal vez, andaba por ahí. Se aproximaban las navidades. Hasta la adolescencia no me importó mucho esta época. No fui una niña encandilada por las luces de las calles ni por los reyes magos o la manida ilusión navideña. Realmente, me daban exactamente igual. Las navidades eran sinónimo de pueblo y mantecados. Nada más. Bueno, también tenían que ver con el cumpleaños de mi abuela y la recogida de aceitunas pero de eso ya hablaré en otro momento. Sin embargo, con la entrada de la adolescencia todo cambió. Llegaba el momento temido de la Nochevieja. Sí, de lucir palmito entre lentejuelas, brillos y demás horteridades. El momento busca un vestido que te quede bien, te haga sexy y no te apriete los michelines siempre era temible. A esa edad solía ir con mi madre y sus miradas en el probador eran matadoras. “Eso no te queda bien”. “Se te nota todo”. “¡Qué corto!”. “Se ve mucha pechuga”. Ains. Mi objetivo siempre era el mismo: encontrar un cielo de tallas XL acordes con mis gustos. ¿Tan difícil era alcanzarlo? Pues no. Lo encontré pronto. Ese día nos acompañaba mi hermana y entramos en una tienda nueva. Como siempre, dejé que mi hermana, la delgada de casa, entreabriera las perchas y sacara su vestido para probar. “Nena, hay cosas de tu tallaaaaaaaaaaaaaaaa”. “What????”. Sí, las había y, por supuesto, no eran prendas con estampados horteros, con anchuras imposibles y colores tristes. Noooooooooooooo. Adiós al negro y al gris para disimular michelos. Esta vez la moda se imponía en la talla XL y era gracias a una firma inglesa: DOROTHY PERKINS. (Lo pongo en mayúsculas porque me dio y me ha dado tantas dosis de felicidad…). En fin, me sentí como Julia Roberts en ese probador de Pretty Woman. No tenía a Richard Gere pero mi madre y  mi hermana hicieron de perfectas dependientas mimosas. “Pruébate esto, y esto otro, y esto otro, y esto otro, y esto otro”. ¡Cuánta felicidad! Sin embargo, creo que por su culpa a día de hoy no he conseguido bajar ni un gramo. Total, los pantalones nunca me aprietan y siempre consigo un modelito acorde a mi cuerpo. Ains, las tallas europeas que feliz nos hacéis a las españolitas de duras carnes…

Día 0.

Peso: creo que he vuelto a pasar mi PMA (Peso Máximo Autorizado). Llevo quince días descontrolada por factores externos así que empezaré de nuevo a reflexionar.

Fuerzas: flaquean y mucho. No puedo decir lo contrario.

Ejercicio: el mínimo e indispensable, o sea, nada. Esto también hay que cambiarlo.

Motivo: Esa edad en la que tienes barriga y los demás creen que estás embarazada.

Son los daños colaterales de estar gorda. Así, sin más. Una tiene barriga ya de por sí y realmente hay épocas en las que aumenta su tamaño. Yo hago por reducirlo pero a veces los intentos son pésimos y obtengo un resultado cero. He sufrido muchas historias en torno a mi barriga pero la más sorprendente fue la de sentirme embarazada sin estarlo. Ya ha pasado tres veces que intenten dejarme el asiento en un transporte público por creer que llevo un feto entre mis michelines. Siempre recordaré la primera. Yo viajaba en la odiada línea 5 del metro de Madrid. La línea verde, la que más apesta. Había pasado un día en la terraza de una amiga y llevaba un vestido negro de verano monísimo pero con un corte justo debajo del pecho. Yo pensaba que me quedaba genial. Tenía escote y podía lucir canalillo, era largo hasta la rodilla y podía tapar mis piernas y, por último, su color negro estilizaba mi redondeada figura. ¿Podía pedir más siguiendo los consejos de cualquier experto en moda XL, o sea, casi nadie? Realmente no. Cual fue mi sorpresa cuando entré al vagón con mis cascos escuchando a Madonna a viva voz reventona de oídos, me quedé en pie y un señor amabilísimo me dijo: “Señora, siéntese aquí, por favor”. Entendí que me hablaba a mí aunque no lo escuché muy bien por el volumen de mis cascos, así que me quité uno y lo miré. “Señora, le digo que se siente aquí por favor”. No entendía nada. Contesté: “No señor. Tranquilo. No pasa nada”. Dijo: “No señora, por favor se lo pido, siéntese”. Seguía sin entender nada hasta que vi como retiraba sus ojos de los míos y bajaba hasta mi barriga. Espeté: “No. Me quedo aquí. Gracias”. Me puse los casos y entré en un estribillo de pensamientos. WTF!!! Este señor cree que estoy embarazada dios mío es culpa del vestido del lacito que tiene debajo del pecho pero si pensé que me quedaba bien y me hacía más delgada dios todo es culpa de los 30 claro piensas que puedes ser mamá pero no lo eres te has bebido un mojito y tu vida es de una quinceañera estás estudiando un máster y piensas en qué modelo de hym te vas a comprar no no puede ser todo es culpa de mis ideas de moda XL muerte a los vestidos cortados al pecho. Y así sin más, seguí en el vagón deambulando por mi mente hasta que me acordé de Raquel Mosquera y su embarazo disimulado. ¿Será que las gordis tenemos ya el hueco hecho para el bebé? No lo sé pero lo veo como una ventaja. Total, mi barriga ya está estirada así que un embarazo lo recibirá con normalidad. No como una fuente de estrías de por vida.