Esclava de mi boca

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Mi báscula marca cuatro kilos menos. Hace cuatro semanas que mi boca no manda en mi cuerpo. Estoy cansada de seguir sus instintos y sus caprichos. Me he dicho basta, ya vale de seguir por ese camino de descontrol y sin deriva. Entre manos tengo una dieta nueva alejada de los productos de serie, de la alimentación random, de los endrocrinos más interesados en tu dinero que en tu bienestar corporal. Me he hecho con un nuevo compañero de la alimentación que me ayuda a bajar de peso pero que sobre todo me enseña a comer bien.

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Bucles

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Encabezo este blog con la frase Chica XL habla de todo. Y eso es lo que estoy haciendo en este post. Voy a hablar de bucles en mi vida. El bucle de la comida, el bucle del amor, el bucle de la indecisión… Madre mía, ¿por qué a veces son tan difíciles las cosas? Yo no sé a vosotras pero a mí me pasa que cuando tengo bajón, tengo subidón, tengo dolor, tengo loquesea recurro, one more time, al bucle de la comida.

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Dos meses.

Peso: la cifra tiene dos dígitos. 🙂

Fuerzas: todas y más. Tengo un compañero de piso que vigila mis bocados.

Ejercicio: andar y andar. ¿Más?

Motivo: “Tu corasonsito sufre. Debes adelgasar”.

Báscula

Llevo meses sin escribir. El trabajo me tiene absorbida pero no me olvido de mis motivos. Hace dos meses que comencé la dieta y ahí sigo comiendo verduras y cosas a la plancha mientras el cuerpo me pide chocolates y más chocolates. Sin embargo, no me faltan razones para seguir. Hace una semana acudí al médico por unas manchas en la piel. “Señorita X, pase a consulta”. Su cara ya delataba que no era española. Mi doctora, ocupada en otros quehaceres, decidió que me recibiera otra profesional. “¿Qué le pasa?”. Contesté: “Tengo estas manchas justo debajo del pecho y no sé a qué se debe”. El diagnóstico debió ser: “Son esto y lo otro, y por ello, le receto tal gel”. Pero no. Mis pensamientos se truncaron con la realidad. La doctora X se ensalzó en un discurso de preguntas donde no faltaron: “¿Qué edad tienes?” “¿Cuánto pesas?”. A mi respuesta de no sé, la suya fue más contundente. “Vamos al peso”. Maldiciendo ese momento, encogí la barriga para ver si la báscula se apiadaba de mí. Pero no. No lo hizo. ¡Cabrona! La báscula digo. La facultativa siguió con su perorata. “Tienes que cuidar tu corasonsito. Haser deporte, andar, correr, porque ahora eres joven pero en unos años lo notarás” y yo, incrédula, sólo pensaba: “Pero si yo he venido a hablar de mis manchas en el cuerpo”. En fin, así es la realidad. Tú piensas que tienes una y otros se encargan de recordarte la verdadera. Grasias señora doctora por hacerlo. Ironía modo on, of course.