Esclava de mi boca

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Mi báscula marca cuatro kilos menos. Hace cuatro semanas que mi boca no manda en mi cuerpo. Estoy cansada de seguir sus instintos y sus caprichos. Me he dicho basta, ya vale de seguir por ese camino de descontrol y sin deriva. Entre manos tengo una dieta nueva alejada de los productos de serie, de la alimentación random, de los endrocrinos más interesados en tu dinero que en tu bienestar corporal. Me he hecho con un nuevo compañero de la alimentación que me ayuda a bajar de peso pero que sobre todo me enseña a comer bien.

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Día noventa y tanto.

Peso: baja.

Fuerzas: a tope.

Ejercicio: ahí va.

Motivo: “Te veía muy mal”.

Siempre hay una amiga discreta en tu vida. No todas iban a ser unos papagayos. Lo malo es que cuando esa amiga habla, sentencia. Me ocurrió hace poco en uno de mis regresos a Sevilla. Nada más verme se quedó impresionada por el tamaño de mis caderas y mi barriga. “Por Dior, cómo te estás quedando”. “Gracias”, contesté. Así, sin más. Empezamos a hablar de los logros con la comida y mi dieta. Y así, sin más, empezó a soltarme ese discurso que todos los gordos tememos. “Te vi muy mal la última vez”. Me quedé con los ojos así: O_O. No porque me lo dijera, algo que agradezco, sino porque esas palabras estaban saliendo de su boca y no de la de mi madre. Estaba ocurriendo que la persona que jamás me había hablado de las dimensiones de mi cuerpo, lo empezaba a hacer. “Es que estabas ya demasiado gorda. Empezaba a ser cuestión de salud y me volví preocupada”. Esta frase me marcó. ¿Hasta que punto sabemos lo que piensan los demás? ¿Tendrá más argumentos guardados en la retaguardia? Espero que no porque si es así que hable AHORA o calle para siempre.

One more day

Peso: y sigue bajando.

Fuerzas: muchas.

Ejercicio: Recién llegada estoy de mover el kuku.

Motivo: Eres un paciente que en el futuro serás muy caro.

hospitalLos episodios con los médicos dan mucho de sí. Ellos no se callan ni una. No lo entiendo. Una va para contar una cosa y acaba metida en un sinfín de pruebas de gordas. Hace unos cuantos años, yo ya rondaba mi peso de ahora. En realidad, llevo manteniéndome muchos años en el PMA (Peso Máximo Autorizado). Sí, soy una chica estable en la comida. Pues eso, hace unos años me hice unos análisis y fue mi padre a recoger los resultados. La doctora fue directa: Dígale a su hija que venga que me gustaría hablar con ella. OH MY GOD!!! Se avecina bronca, pensé. Sí. Era así. Entré en la consulta y ya me lo dijo todo: Hay una unidad de nutrición en el Hospital Virgen Macarena. Nos han pedido dos pacientes por consulta para investigar y te voy a enviar a ti. Vale, fue mi única respuesta. Con las orejas gachas, sin levantar la vista, acepté. No podía hacer otra cosa. Durante una semana, me hicieron pruebas de todo: colesterol, tiroides, curva del azúcar, etc. Me atendió un médico y una enfermera. Ella me dictó la dieta y me animó a hacerla. Él, en cambio, me dijo todo lo cara que yo le saldría la seguridad social en un futuro. Los gordos sois enfermos en potencia para ocupar camas en un hospital el día de mañana. Y así, sin más… Él hizo su trabajo y yo me fui con la conciencia cargada de números irreales para una sanidad que hoy se cae a pedazo no por culpa de los enfermos sino del Gobierno que la gestiona.