Fat black friday

Españoles, he vuelto a la dieta.

saywhat1

Sí. Después de mis vacaciones, mi viaje precioso y maravilloso a Myanmar y mis apocalipsis days (¿qué gorda no se toma el último día previo a la dieta como el fin del mundo?), he vuelto a cerrar el pico porque señoras, no nos engañemos, cuando el culo baja de grosor una se siente más feliz, más tarima flotante. Ya conseguí hace un año y medio bajar 15 kilos de mi P.M.A. (peso máximo autorizado) y desde entonces más o menos me mantengo pero no consigo bajar de la maldita cifra en la que me estoy. Entonces lo hice por mi cuenta pero ahora, viendo que no soy capaz de ponerme un bozal a mí misma, he decidido pasarme a la dieta guiada por un doctor para comprobar si así consigo llegar a la meta propuesta. ¡Lo conseguiré!

En la visita al gordólogo-matadero me dijo una frase que me llegó al hígado graso: “Si consigues llegar a este peso estarás buenorra”. Hello, it’s me? En ese momento no respondí porque ese tipo de comentarios me parecen absurdos y quienes lo hacen son más absurdos (entiéndase gilipollas) aún. No lo entiendo. ¿Se supone que no lo estoy? Perdone usted pero desde este altavoz escondido voceo que no lo hago por estar “buenorra” sino básicamente por salud y orden mental. Sí, señores. Me gusta tener mi alimentación controlada y encontrarme en mi peso por muchas razones: me duele menos la espalda, me siento más ágil y sobre todo me encanta cuando me enfundo unos pantalones y no me aprieta toda la chicha. Eso es felicidad.

Tanta como la que proporcionan las compras on line. Ains, qué felicidad más bonita ir de compras sin moverte de la silla y ahorrarte todas esas colas interminables y el agobio de la gente por entrar al probador. Yo por eso he usado mi #blackfriday para hacer unas compras que me hacían falta. Os dejo un par de adquisiones… A ver qué os parecen.

 

 

Anuncios

Día 10.

Peso: Después de una semana de feria retomo mi rutina de alimentación y deporte.

Fuerzas: intactas.

Ejercicio: hoy también lo retomo.

Motivo: “¿No vas a tomar nada a media mañana?”.

Vaya lío de comidas. Quienes hemos estado a dieta muchas veces, sabemos la regla de las cinco comidas al día, o incluso seis. Hay muchos nutricionistas que tiran la casa por la ventana y te recomiendan comer cada hora y media o así. ¿El motivo? Dicen que tener tu estómago en funcionamiento y acelerar el metabolismo. No sé. La primera vez que me enfrenté a la regla de las cinco comida me quedé con los ojos así O_O. Durante años, había intentado comer lo menos posible. Si me saltaba la cena, mejor y si merendaba a escondidas también era mejor. Incluso, había amigas que presumían de no desayunar. Yo sólo pensaba: diosito, ¿cómo pueden caminar? Si yo me levanto y me voy tirada para el tostador y la leche. (Siempre he necesitado comida nada más levantarme, cosas de mi cuerpo, I think). En fin, esa regla supuso para mí un antes y un después, incluso un arma arrojadiza para quienes me veían comer a horas que no eran las normales: a media mañana o media tarde. Siempre hubo compañeros de trabajo que miraban de reojo ante la piña o la manzana que mordía sobre las doce o familiares que pronunciaban la terrible frase de ¡no comas más! En esos momentos, yo siempre temía sus pensamientos sobre mí de vaya gorda, no para de comer nunca. Sin embargo, me autoconcienciaba y pensaba en la regla: cinco comidas al día. No debes saltarte ni una. Y yo, que soy muy aplicada y responsable, la tomé a rajatabla e incluso a veces, cuando no estoy a dieta, la llevo a cabo. Eso sí, en vez de la fruta aparece el pan con jamón o con queso. En esos momentos, me río del nutricionista y sus teorías porque como dicen: no tengo solución.

Día 9.

Peso: Hoy me he pesado. En la última semana he perdido un kilo. Estoy feliz 🙂

Fuerzas: Todas y más.

Ejercicio: Llevo una semana que no voy al parque. I must go back.

Motivo: “¡Ahí no te cabe el culo!”.

No he sido una niña gorda que haya sufrido por los insultos en el colegio o el instituto. Mi colegio era sólo de niñas. Tal vez por eso ninguna me dijo nada ni me marginó por pesar más que la media. Mi instituto, situado en un barrio de las afueras de Sevilla, era un poco conflictivo pero ningún niño se atrevió ninguna vez a hacer un comentario sobre mi físico. A lo mejor lo hacían por detrás pero a la cara nunca. Sin embargo, todavía recuerdo con indignación la mañana que escuché: “¡Ahí no te cabe el culo!”. Ceporro, maleducado. Sólo se me viene eso a la cabeza. Respiro, pongo los ojos en posición después de dejarlos en blanco y narro cómo ocurrió. La feria de mi pueblo se celebra la primera semana de agosto. El sábado es el día más grande. La gente sale por la noche y la tradición es no acostarse hasta que termine la carrera de coches, que suele ser sobre las tres de la tarde del domingo. Hace ya muchos años, yo cumplí esa tradición y llegué con mis amigas (todas más locas que una cabra) a una construcción situado en lo alto de una montaña que dista un kilómetro del pueblo. Hoy acoge el instituto pero entonces sólo era un solar con un techado y algunas tablas donde la gente se fue sentando. Yo llegué una de las últimas y corrí para sentarme entre dos personas, una amiga y un conocido. Cuando acerté a agachar mis piernas sin tambalearme (había bebido bastante), escuché una voz grave: “¡Ahí no te cabe el culo! ¿No lo ves o qué?”. Ilusa. Creía que le gritaba a las flores pero no, era a mí. En ese momento, me hice la loca e hice como que no lo había escuchado. ¡¡¡¡Todavía hoy me pregunto cómo pudo gritarme eso un tío que pesaba el doble que yo!!!! De verdad, más de uno debería mirarse en el espejo antes de comentar el físico de otra persona. Pese a todo, hoy celebro mi victoria: ese tío está hoy día mucho más gordo que entonces. ¡Jar!Sin duda, la venganza se mide en gramos…