20 horas sin WhatsApp

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Paso el día pendiente del móvil. Pi, pi. Nuevo mensaje de WhatsApp. Lo leo. Contesto. Pi, pi. Otra alerta. Ahora es un grupo. Vuelvo a leer, vuelvo a contestar. Sin saber cómo, esta app, que entró en mi vida hace ya seis años, se ha vuelto mi amiga más fiel. No me protesta, no chilla, me comunica con todos y está siempre ON. Pese a todo, no la soporto. Tanto la odio que el otro día la borré del móvil y viví las 20 horas más tranquilas y surrealistas de mi life. Señores, la tecnología nos ha creado nuevas necesidades sin darnos cuenta.

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Tindergram

Desde pequeña he vivido obsesionada con que mi papada no apareciera en las fotos. Me pasé varios años pensando como evitarla hasta que logré ganarle la batalla. Al final de mi guerra, sobre los años noventa, di con un simple truco: brazo doblado y mano debajo de la cara, la típica pose del pensador. Infalible. Siempre funcionaba. Así conseguí que posar para las fotos en grupo con mi familia o con mis amigos no fuese un drama. Entonces, existía eso de cámaras de fotos con carretes, las imprimías en papel (hola, prehistoria) e incluso a veces me cagabaentodo porque abría la cámara antes de tiempo y el carrete se había velado. Dios. Cuánta antigüedad. Con la llegada los móviles, las redes sociales, las absurdas egobloguers y las App para ligar, todo esto ha pasado a la basura. Ahora lo importante ya no es la papada, sino cómo conquistar a través de una foto con la que seas capaz de transmitir el siguiente mensaje: “Estoy para que me comas a bocados”.

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El arte de la boca

“Buenos días,

Cómo estás,

Madre mía, todavía pienso en la mammada que me hiciste… Espectacular.

Me apetece verte otro día. ¿Repetimos?”

Las relaciones por Tinder son así de románticas. Sin más. Una empieza a hablar con un chico por múltiples razones de adorno (quiero encontrar a alguien para compartir mi vida, quiero conocer a gente nueva, quiero saber cómo funciona esto de ligar por el móvil…) y una única razón de instinto animal (quiero follar) y al día siguiente de haber dado el primer paso en todos lo sentidos si recibes un whatsapp de tal calibre puedes decirte: nena, soy lo más.

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