Saber decir adiós

En estos días de campañas publicitarias llenas de mujeres reales, yo sólo puedo pensar en un adiós que, pese a todo, me duele. Se supone que como mujer gorda -sí, odio las palabras que enmascaran la realidad tipo curvy, curvys…- y con blog debería escribir un post sobre vídeos como este.

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Chaquetas enemigas

Season 4. Chapter 18. En menos de un mes he conseguido ponerme en la cuarta temporada de The good wife. Sí. Hace años no me acercaba a ninguna serie porque prefería otro tipo de ocio. Ahora, no entiendo mi día a día sin ver algún capítulo que me evada de la rutina, el estrés, los cabreos del trabajo y el aburrimiento de ser ama de casa. Ahora mismo estoy a tope con The good wife entendiéndose a tope como la posibilidad de ver una media de dos o tres capítulos, cada uno de 45 minutos, al día. Sí. Estoy muy enganchada. ¿Qué le vamos a hacer? Desde que la veo no puedo dejar de pensar en lo bien que le quedan las chaquetas a Alicia (Alishiaaa) Florrick. Sí. Esa mujer perfecta, esa esposa buena que permanece junto a su marido a pesar de que tiene más cuernos que un toro. Madre mía. ¿Por qué le quedan tan asentadas (término acuñado por mi madre)?

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Para mí que esto tiene que ver con el tamaño de las tetas. No es por nada, pero a mí jamás me quedó una chaqueta tan bien. Por eso las odioooooooooooooooo. Tengo algunas pero muy pocas y siempre tipo sport. Creo que a las gordibuenas (término de Weloversize) nos queda mejor otro tipo de prenda. Depende del cuerpo de cada una, eso sí. Pero el secreto, sin duda alguna, es saber qué te queda bien. Por eso, yo no admito una chaqueta en mi armario. De hecho, lo más lejos que llego es a esta chaqueta vaquera, que me compré en H&M la temporada pasada en rebajas y a la que le saco mucho partido porque no me siento encorsetada, sino cómoda.

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Y es que para mí la clave de todo es la comodidad. Se ve que Alicia está cómoda con este tipo de prendas. Hija de puta. Suerte la suya de tener esas mini peras. A las que tenemos otro tamaño de pechonalidad nos conformamos con mirarla y admirarla. Viva ella. Viva THE GOOD WIFE.

Día 1. Again

Peso: comienzo de nuevo. XXX.

Fuerzas: apagadas por factores externos no por la dieta.

Ejercicio: saldré a andar una hora (eso espero).

Motivo: Sí. Tengo su talla. O_O

Vestidos de Dorothy Perkins.
Vestidos de Dorothy Perkins.

Todavía recuerdo cuando recibí esa respuesta por primera vez. Tenía esa edad en la que quieres ponerte el ropaje de tus amigas y no te entra ni por la muñeca. 17 años. Sí, tal vez, andaba por ahí. Se aproximaban las navidades. Hasta la adolescencia no me importó mucho esta época. No fui una niña encandilada por las luces de las calles ni por los reyes magos o la manida ilusión navideña. Realmente, me daban exactamente igual. Las navidades eran sinónimo de pueblo y mantecados. Nada más. Bueno, también tenían que ver con el cumpleaños de mi abuela y la recogida de aceitunas pero de eso ya hablaré en otro momento. Sin embargo, con la entrada de la adolescencia todo cambió. Llegaba el momento temido de la Nochevieja. Sí, de lucir palmito entre lentejuelas, brillos y demás horteridades. El momento busca un vestido que te quede bien, te haga sexy y no te apriete los michelines siempre era temible. A esa edad solía ir con mi madre y sus miradas en el probador eran matadoras. “Eso no te queda bien”. “Se te nota todo”. “¡Qué corto!”. “Se ve mucha pechuga”. Ains. Mi objetivo siempre era el mismo: encontrar un cielo de tallas XL acordes con mis gustos. ¿Tan difícil era alcanzarlo? Pues no. Lo encontré pronto. Ese día nos acompañaba mi hermana y entramos en una tienda nueva. Como siempre, dejé que mi hermana, la delgada de casa, entreabriera las perchas y sacara su vestido para probar. “Nena, hay cosas de tu tallaaaaaaaaaaaaaaaa”. “What????”. Sí, las había y, por supuesto, no eran prendas con estampados horteros, con anchuras imposibles y colores tristes. Noooooooooooooo. Adiós al negro y al gris para disimular michelos. Esta vez la moda se imponía en la talla XL y era gracias a una firma inglesa: DOROTHY PERKINS. (Lo pongo en mayúsculas porque me dio y me ha dado tantas dosis de felicidad…). En fin, me sentí como Julia Roberts en ese probador de Pretty Woman. No tenía a Richard Gere pero mi madre y  mi hermana hicieron de perfectas dependientas mimosas. “Pruébate esto, y esto otro, y esto otro, y esto otro, y esto otro”. ¡Cuánta felicidad! Sin embargo, creo que por su culpa a día de hoy no he conseguido bajar ni un gramo. Total, los pantalones nunca me aprietan y siempre consigo un modelito acorde a mi cuerpo. Ains, las tallas europeas que feliz nos hacéis a las españolitas de duras carnes…